191 muertos y solo el pastor está en el banquillo
Un tribunal de Kenia declaró culpables al líder de la secta de la inanición, Paul Mackenzie, y a una treintena de cómplices por el asesinato de 191 personas, 190 de ellas niños. Es uno de los desastres ligados a sectas más graves de los últimos años, y la sentencia llega tres años después de que empezaran a aparecer los cuerpos.
La policía llegó al bosque de Shakahola en 2023 tras un aviso. En las semanas siguientes se exhumaron fosas poco profundas hasta sumar más de 400 cuerpos, de los que solo 26 pudieron ser identificados. El fallo de este lunes cubrió 191 muertes y las investigaciones del resto siguen abiertas.
Mackenzie, antiguo taxista y fundador de la Good News International Church, predicaba que la educación y la medicina moderna eran obra de Satán. Organizó la matanza en tres fases: primero los niños, después las mujeres y los jóvenes, y al final los hombres que quedaban. En algunos casos los pequeños fueron aislados y privados de comida mientras sus padres miraban.
La jueza Diana Kavedza Mochache leyó el fallo durante más de ocho horas. Mackenzie negó haber forzado a nadie y el tribunal rechazó su defensa. La condena se conocerá el 6 de noviembre, y sobre él pesan además cargos por terrorismo y por otras 52 muertes que habría dirigido desde la cárcel.
Lo que debería indignar más que el pastor es el Estado que lo dejó trabajar. Lo detuvieron en 2017 por radicalización y lo absolvieron. Lo detuvieron otra vez en 2019, después de que dos niños murieran de hambre, y volvió a la calle. Cuando en marzo de 2023 un hombre avisó de que su hermano y su esposa habían dejado morir a sus hijos, lo soltaron bajo fianza y él adelantó la fecha del fin del mundo.
Un profeta loco solo es peligroso cuando el sistema decide mirar hacia otro lado. Mackenzie vendía el paraíso, pero fue el aparato público el que le firmó el permiso para llevarse por delante a 191 personas.

