La ONU descubre a su muerto un mes tarde
Mohammad el Shami llevaba detenido por los hutíes desde el 6 de junio de 2024 y murió hace más de un mes, pero su familia se enteró hace unos días. El Shami trabajaba en la oficina de derechos humanos de la ONU en Yemen, la misma organización que ahora exige una investigación que ya llega tarde. El alto comisionado Volker Türk pidió transparencia total y que se expliquen las causas. Nadie se las ha explicado a los parientes.
La cifra que rodea el caso no es menor. Hasta mediados de octubre, 72 trabajadores de la ONU y de organizaciones humanitarias seguían en manos de los hutíes, detenidos desde una redada de 2024 en la que los acusaron de formar parte de una red de espías de Estados Unidos e Israel. Es el segundo empleado de la ONU que muere bajo custodia, después de un trabajador del Programa Mundial de Alimentos en febrero de 2025.
Y aquí conviene decir algo incómodo. La ONU lleva más de dos años pidiendo la liberación de su gente mientras mantiene su presencia en territorio controlado por quienes se la tienen secuestrada. Denuncia los hechos, sí, pero sigue negociando con el mismo grupo que detiene a su personal. Un organismo que no puede proteger a sus propios empleados difícilmente va a convencer a nadie de que puede proteger a la población.
Los hutíes, por su parte, ni confirmaron ni negaron nada de forma oficial. Exhibieron a algunos detenidos en televisión como colaboradores, sin pruebas, y siguen adelante. El primer ministro yemení condenó la muerte y responsabilizó al grupo, que es exactamente lo mismo que llevan haciendo todos durante años, sin que nada cambie.
Türk dijo que ninguna familia debería pasar por lo que están pasando los allegados de sus colegas. Tiene razón. El problema es que llevamos demasiado tiempo leyendo esta frase, con otro nombre y otro apellido, sin que suponga nada.

