Francia detiene a cinco ultras británicos
Cuatro bombas de gas lacrimógeno y una furgoneta bautizada Battle Bus. La policía francesa detuvo el jueves a cinco activistas de ultraderecha británicos en el norte del país mientras se grababan en directo hostigando a migrantes cerca del puerto de Dunkerque. La prefectura local confirmó los arrestos el sábado.
Les acusan de participar en un grupo formado para preparar violencia contra personas y de portar armas clasificadas sin motivo legítimo. Tras pasar por custodia, se tramitó su expulsión del territorio francés. No es la primera vez: en enero, otras diez personas de la misma órbita ya fueron vetadas de Francia por hechos similares.
El vídeo era el objetivo. Los detenidos grababan y emitían en vivo mientras provocaban a quienes intentan cruzar el Canal, y eso convirtió la provocación en prueba en su contra. En la era de la transmisión permanente, el activista que quiere hacerse el héroe se graba a sí mismo firmando su propia detención.
El trasfondo es más incómodo que el incidente. En ambos lados del Canal el tema migratorio se ha vuelto un polvorín, y en Reino Unido la presión ha disparado el apoyo a Reform UK, la formación antiinmigración. Francia responde con detenciones y expulsiones, pero el problema que las genera sigue intacto en la otra orilla.
La moraleja es que ni los gobiernos ni los ultras tienen una respuesta. Unos agitan el miedo para ganar votos, otros lo agitan para hacerse virales, y los que de verdad intentan cruzar el agua aterrizan siempre en el mismo sitio, en medio de una pelea que no es la suya. Prohibir a diez y detener a cinco no arregla la frontera, solo mejora la foto.

