El Papa no necesitará más tratamiento por el cáncer
Los médicos del papa León XIV confirmaron que no necesitará más tratamiento contra el cáncer de pulmón. Los informes finales de tejidos y las pruebas de biología molecular determinaron que el tumor estaba localizado, y una evaluación oncológica posterior concluyó que no hace falta seguir con terapias. El Vaticano lo anunció con la solemnidad de siempre, pero el alivio se lee entre líneas.
El pontífice, de 71 años, fue operado el 13 de octubre en el hospital Gemelli de Roma, donde le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. La cirugía duró unos 90 minutos y los médicos confirmaron entonces que se trataba de un adenocarcinoma pulmonar, el tipo de cáncer de pulmón más común. Fue él mismo quien anunció al mundo, desde el balcón de San Pedro, que le habían encontrado un nódulo y que se lo iban a sacar.
La noticia cayó como un balde de agua fría entre los católicos, y no por casualidad. El papa venía mostrándose fuerte y sin síntomas, y hasta un cardenal que lo había visitado un día antes no le notó nada raro. Cuando la enfermedad le llega a alguien que parecía intacto, el golpe es doble: mata la ilusión de que hay cuerpos que no se rompen.
Detrás del parte médico hay una decisión que dice bastante. León XIV apuró la operación porque tenía agendado un viaje a América Latina para principios de noviembre y no quería retrasarlo. El itinerario incluye Perú, donde fue misionero y obispo durante años, así que para él no es una gira cualquiera. La agenda por delante del quirófano.
El Vaticano respiró, y con razón. Un papa enfermo es un problema de gobierno, no solo de fe, y la maquinaria de la Iglesia no está hecha para improvisar sucesiones. La noticia es buena, claro, pero también recuerda que la institución que se vende como eterna depende, como cualquier otra, del cuerpo de un hombre de setenta y un años.

