Un dron borra un mercado en Abyei
Al menos 153 muertos en el mercado de Amiet, en Abyei, la región que Sudán y Sudán del Sur se disputan desde 2011. El ataque fue el lunes 19 de octubre hacia las once y media de la mañana, con drones, y el balance ya subió a más de 220 según los recuentos posteriores.
El blanco declarado era un depósito de combustible al norte del mercado. El primer dron dio en un camión con 26 personas dentro y los siguientes cayeron en el centro, el sur y la puerta norte. El incendio siguió ardiendo al día siguiente y las autoridades locales hablan de 8.000 desplazados. Enterraron 153 cuerpos en una fosa y 73 en otra.
El ejército sudanés admite el ataque, con la habitual condición de anonimato, y dice que apuntaba a camiones cisterna que abastecían a las RSF. “No atacamos civiles”, declaró el oficial. Entre los muertos hay mujeres, niños, comerciantes, sursudaneses y cuatro somalíes. El mercado, además, abastecía a los negocios de la zona.
Abyei es petróleo y es frontera, dos cosas que llevan quince años matando gente sin que a nadie le importe demasiado. La ONU dijo estar alarmada por los ataques con drones contra infraestructura crítica. Alarmada. Ese es el nivel de compromiso: una declaración de un portavoz en Nueva York mientras en Abyei se quemaba un mercado entero.
Médicos Sin Fronteras atendió a más de veinte heridos en el hospital de Ameth Bek, varios en estado crítico y muchos con quemaduras. Son los que sobrevivieron y llegaron. Los demás se quedaron en las dos fosas, y sus nombres no van a aparecer en ningún comunicado de prensa.
Los drones son baratos, precisos y no necesitan un piloto que mire a los ojos lo que hace. Por eso se han vuelto el arma favorita de todos los ejércitos del mundo, incluidos los que se llenan la boca hablando de derechos humanos. En Abyei no había derecho humano que valiera: había un depósito de combustible.

