Ecuador le ruega la luz a Colombia
Daniel Noboa agradeció públicamente a Colombia por reanudar la venta de energía a Ecuador, que lleva semanas con cortes de hasta 72 horas para la industria. Lo hizo en X, con un “en momentos así, los países hermanos se respaldan con hechos”. La frase suena bonita hasta que uno recuerda que Colombia había cortado el suministro para protegerse ante El Niño y que Ecuador quedó colgado de un hilo.
El problema de fondo es la sequía. Los ríos y embalses que alimentan las principales hidroeléctricas ecuatorianas están por el suelo, y el embalse de Mazar, el segundo más grande del país, coquetea con su nivel crítico. Este viernes marcaba 2.123 metros sobre el nivel del mar, muy cerca de los 2.115 que limitan su operación. Cuando el agua baja, el país se apaga, y no hay discurso que tape eso.
Los cortes ya golpean al sector productivo. La Cámara Nacional de Acuacultura alertó de afectaciones al empleo y pidió transparencia sobre la gravedad real de la crisis. El gobierno dice que desconecta a las industrias para no apagar los hogares, el mismo remedio que aplicó entre 2023 y 2024, cuando hubo racionamientos diarios de varias horas. Gobernar a base de apagones selectivos tiene un límite, y ese límite es la paciencia de quien paga la factura.
Que un país dependa de la buena voluntad del vecino para tener luz dice mucho del modelo. La energía no se planifica, se improvisa; las hidroeléctricas no se ampliaron, se contó con que lloviera. Y cuando no llueve, el presidente manda un tuit de agradecimiento y todo el mundo hace como si eso fuera una política energética.

