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El Papa salió del hospital en cuatro días

León XIV dejó el hospital Gemelli el sábado por la tarde, cuatro días después de que le extirparan el lóbulo inferior del pulmón derecho. El pontífice, de 71 años, salió en un SUV negro, saludó a los fieles que lo esperaban y contestó con un “estoy mucho mejor, gracias” a quien le preguntó cómo estaba. Los médicos habían calculado una semana de ingreso. Cumplió cuatro días.

La operación fue el martes, duró unos noventa minutos y se hizo por videotoracoscopia, que en castellano significa meter cámara y bisturí por un agujero en vez de abrir el pecho. El tejido extraído confirmó adenocarcinoma de pulmón, el tipo más común. Que la cirugía fuera el primer recurso, y no la quimioterapia, apunta a que los médicos lo vieron en fase temprana. Todavía no han dicho el tamaño del tumor ni si había ganglios afectados, que son los dos datos que de verdad importan para saber qué viene después.

En el hospital no se quedó quieto. Habló por teléfono con Vladimir Putin, se reunió con colaboradores y celebró misa en la capilla improvisada del centro. Al día siguiente de una lobectomía la mayoría de los mortales no puede ni incorporarse sin ayuda. Él tiene 71 años, un pulmón menos y agenda internacional para noviembre: Uruguay, Argentina y Perú, el país donde vivió dos décadas y del que tiene nacionalidad.

Hay algo casi obsceno en la velocidad del asunto. A un hombre le acaban de diagnosticar cáncer, sale del hospital y la primera noticia es que mantiene el viaje. La institución no puede permitirse el lujo de mostrar fragilidad, así que el enfermo se convierte en símbolo y el símbolo tiene que caminar. La agenda está despejada hasta el 20 de octubre, lo cual no es lo mismo que descansar.

León XIV volvió al Vaticano con un pulmón menos y mejor pronóstico que la mayoría de los diagnosticados ese mismo día en cualquier hospital público. Eso no es un milagro, es acceso. Conviene recordarlo cada vez que alguien confunda la buena medicina con la bendición divina.