Murió a los 70 rescatando vacas del Paraná
Jorge Eliezer Hardy tenía 70 años y murió ahogado el jueves en El Víbora, unos quince kilómetros al este de Villa Ocampo, en el norte de Santa Fe. Estaba moviendo ganado para sacarlo de la crecida del Paraná cuando intentó redirigir una vaca dentro del agua y desapareció de la superficie. Sus compañeros sacaron el cuerpo, pero ya no había nada que hacer. El 911 recibió el aviso a las 12:40.
La investigación fue rápida y sin misterio. Asfixia por inmersión, ninguna señal de violencia, ninguna autopsia, y el fiscal adjunto Leandro Leonel Arraga ordenó entregar el cuerpo a la familia. Un hombre de setenta años haciendo un trabajo físico que mata a gente de cuarenta, en una zona donde el río lleva semanas comiéndose los campos y los productores no tienen dónde meter a los animales.
Ahí está la parte que no sale en el titular. La crecida del Paraná obliga a los ganaderos a mover vacas y caballos a terreno seco, y ese traslado se hace con la gente que hay, no con la que debería haber. Hardy no era un imprudente que se metió al agua por gusto. Era un trabajador rural de setenta años haciendo lo que le tocaba porque el agua subió y alguien tenía que sacar a los animales.
En Argentina el campo sostiene media economía y las inundaciones se llevan todos los años algo más que cosechas. Se pierde ganado, se pierden caminos, se pierden pueblos, y de vez en cuando se pierde un tipo que a los setenta seguía metido en el barro porque nadie más iba a hacerlo. Después llegan los comunicados oficiales, las promesas de asistencia y las fotos con botas de goma.
La vaca que Hardy intentaba mover probablemente sobrevivió. Él no. En Villa Ocampo queda una familia esperando un cuerpo que llegó antes de lo previsto, en una provincia donde el río sube cada año y los gobiernos aparecen siempre después.

