Tonosí cocina para cien sin agua ni luz
Más de 24 horas después del terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá el viernes 9 de octubre, los vecinos de Tonosí siguen sin agua ni electricidad. El pueblo es el más cercano al epicentro, en la península de Azuero, y lleva más de un centenar de réplicas encima. El miedo no se va porque la tierra no deja de moverse.
Mientras el Estado promete 100 millones de dólares y declara emergencia nacional, quien da de comer es el barrio. En uno de los parques, tres mujeres del centro de salud cocinan en una olla sobre el fuego con alimentos donados por los vecinos. Han servido desayuno, almuerzo y cena para más de cien personas. El mismo parque es refugio, comedor y hospital improvisado bajo un par de toldas viejas.
Argelis Ortega sazona carne de cerdo y reparte en recipientes desechables mientras atiende a la fila. Cristal Reyes no se ha atrevido a volver a su casa, y su marido le mandó un video donde se ve todo en el suelo. Otra réplica cortó la entrevista a mitad. El balance oficial es de 27 heridos, ninguno grave, y 426 viviendas afectadas donde viven 2.130 personas, además de 419 escuelas.
La ayuda llega a cuentagotas porque las carreteras están partidas. Un deslizamiento cortó una ruta de acceso y en la otra hay grietas, árboles caídos y piedras. Los representantes del Ejecutivo aterrizaron en helicóptero para evaluar los daños. Los vecinos, que no tienen helicóptero, reparten la comida y esperan que vuelva la luz.
Es la vieja historia de siempre. El Estado aparece para la foto y para el comunicado, y desaparece cuando hay que sostener la olla. Cuando se caiga el último toldo, quien siga cocinando para los suyos no será ningún ministerio. Será el mismo vecino que ya lo estaba haciendo.

