La Corte decidirá si apostar es un swap
Medio Washington le pidió a la Corte Suprema que decida si apostar al fútbol es un swap. La semana pasada se presentaron decenas de escritos de amicus ante el tribunal, entre ellos del ex senador Chris Dodd, del ex presidente de la SEC Gary Gensler, de la NFL, de 39 estados con el Distrito de Columbia y de 145 naciones tribales. Todos quieren que los jueces aclaren si los mercados de predicción deportivos son instrumentos financieros o simple juego de azar.
El lío viene de un choque entre tribunales de apelación. Dos circuitos fallaron que los mercados de predicción sobre deportes son apuestas y deben regularse a nivel estatal, y un tercero dictaminó que el asunto es competencia de la CFTC. Sin una regla federal clara, cada estado decide y cada plataforma litiga, lo que deja el negocio en un limbo que se resuelve a golpe de abogado.
Dodd, cuyo apellido está en la ley Dodd-Frank que da sentido a todo este pleito, lo dijo sin rodeos en su escrito: la norma no pretendía entregar a la CFTC la capacidad de pisotear a los estados y su potestad sobre el juego. Añadió que un parlay encadenado, esos que mezclan pronósticos de partidos, ciudades y deportes distintos, no sirve para cubrir riesgo ni para descubrir precios, que es lo que define a un derivado. Gensler repitió el argumento.
La CFTC no se quedó de brazos cruzados. El viernes presentó una regla provisional, ya en vigor, y una propuesta aparte para meter en su definición de swap los contratos de eventos sobre deportes, política, cultura y clima, dejando fuera el juego de casino clásico. Kalshi, una de las plataformas en el centro del caso, consiguió una prórroga y tiene hasta el 9 de noviembre para responder a la Corte.
La discusión técnica esconde una pelea muy simple. Quién se lleva la recaudación de un negocio que mueve miles de millones y que se disfraza de innovación financiera cuando conviene. Los estados quieren su parte, la agencia federal quiere la suya y las plataformas quieren que nadie les ponga reglas. La Corte Suprema, mientras tanto, hace lo que mejor sabe: esperar.

