GameStop vende usado más caro que nuevo
1.399 dólares por una PlayStation 5 Pro de segunda mano. En GameStop la consola usada cuesta 500 dólares más que la nueva, que ya de por sí subió a 899,99. Y no es un error de la etiqueta.
Un memo interno filtrado por un empleado lo dice sin sonrojarse: la consola preowned tiene que costar más que la nueva y es intencional. Best Buy pide por encima de 1.500 por una flamante. Walmart vende una caja abierta a 1.200. En eBay los precios bailan por arriba de 1.100, y el revendedor de turno cobra lo que el mercado aguante.
El culpable de fondo no es la avaricia de una tienda. Es la crisis de memoria. Los centros de datos que alimentan la fiebre de la inteligencia artificial se están comiendo la DRAM del planeta, y un informe de JP Morgan de agosto proyecta que su precio habrá subido un 400 por ciento desde 2024. Cuando el silicio escasea, el que quiere jugar paga el pato. Sony lo intentó en Japón con un sorteo atado a horas de juego para frenar a los revendedores, pero con la escasez durando hasta 2027 y GTA VI a la vuelta de la esquina, la lotería sigue siendo el bolsillo del comprador.
Lo cómico es escuchar a esta industria llorar por la piratería y pedir leyes contra el mercado gris. Cuando el gris les conviene y el stock se agota, lo practican ellos con etiqueta oficial. Moraleja: el monopolio no necesita permiso para subir el precio, solo un pretexto.

