Latam

Brasil le pasa la factura climática a Shell

La fiscalía de Brasil demandó a Shell por 108 millones de dólares por las inundaciones mortales que arrasaron Rio Grande do Sul en 2024. Casi 200 muertos, medio millón de desplazados y daños sin precedentes. El argumento es que la petrolera debe responder por el 2% de las emisiones históricas mundiales que le atribuyen a su casa matriz.

La demanda pide 270 millones de reales por daños ambientales y morales sobre el clima, y otro tanto por daños materiales. La ONG Instituto Preservar es coautora. “Es la primera vez que un fiscal nacional demanda a una gran petrolera por una catástrofe climática”, presume Maria Antonia Tigre, del Centro Sabin de la Universidad de Columbia. Shell Brasil respondió que no le llegó ninguna notificación formal del proceso.

El caso se apoya en un principio que la justicia alemana bendijo el año pasado, cuando el campesino peruano Saúl Luciano Lliuya demandó a la eléctrica RWE. Los jueces no le dieron indemnización, pero dejaron abierta la puerta a que cada contaminador pague en proporción a lo que emite. Desde entonces hay causas contra el cementero Holcim en Suiza y contra RWE y Heidelberg por las inundaciones de Pakistán en 2022.

El truco jurídico es fino: le atribuyen a Shell una tajada del calentamiento global y le exigen que pague las inundaciones de Brasil. Nadie discute que las lluvias de 2024 fueron brutales, pero también conviene recordar quién permite construir en zonas inundables, quién no dragó los ríos a tiempo y quién aprobó urbanizar donde ahora hay barro. Los políticos que miraron hacia otro lado durante décadas aparecen ahora como los abogados de las víctimas.

La tierra no pidió permiso para llover, y desde luego no le mandó la factura a una petrolera. Pero alguien tenía que poner el dinero, y siempre es más fácil que lo ponga el que tiene cara de culpable en el extranjero que el que cobra impuestos en casa.