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158 años por matar a tres surfistas en México

Un juez mexicano condenó a 158 años y nueve meses de cárcel a cada uno de los tres hombres que mataron a los hermanos australianos Jake y Callum Robinson y a su amigo estadounidense Carter Rhoad. Los tres fueron asesinados en abril de 2024 durante un viaje de surf por Baja California, robados y enterrados al fondo de un pozo en una propiedad remota. La sentencia es ejemplar; el crimen, un recordatorio de lo que el turismo no quiere ver.

Los condenados, conocidos por el apodo de “El Kekas” y por dos nombres más que se mantuvieron en reserva, fueron declarados culpables la semana pasada de homicidio agravado, robo con violencia y robo de vehículo. Además de la prisión, tendrán que pagar unos 154.500 dólares por la muerte de los hermanos y 45.000 por la de Rhoad. Setenta años de cárcel no devuelven a nadie, pero al menos el tribunal no se anduvo con paños calientes.

La historia tiene el guion ya visto. Jake, médico de 31 años, iba a empezar un nuevo trabajo a su vuelta a Australia; Callum, de 32 y jugador de lacrosse, se había mudado a Estados Unidos persiguiendo su deporte. Viajaron a México a surfear, que es lo que hacen miles de turistas cada año, y no volvieron. La zona era conocida por la inseguridad, y aun así el cartel de playa paradisíaca se sigue vendiendo sin descuento.

México lleva años con esta doble cara. Por un lado promete paraísos para el surf y la gastronomía; por el otro acumula fosas, desapariciones y policías que aparecen cuando ya es tarde. Ninguna sentencia de 158 años arregla un sistema donde el crimen organizado maneja más territorio que el Estado. Pero sirve para que nadie se llame a engaño: el paraíso también tiene dueño.