Quinientos soldados para unas elecciones
Cyril Ramaphosa desplegó 510 soldados en KwaZulu-Natal para contener las protestas contra la inmigración, con un coste previsto de 34,1 millones de rands, algo más de dos millones de dólares. La operación va del 9 de octubre al 30 de noviembre y aterriza justo antes de las elecciones municipales del 4 de noviembre.
La presidencia lo justifica hablando de una campaña de desinformación sobre los refugiados. En Durban y en Soweto las marchas se han vuelto violentas: coches quemados, comercios de extranjeros saqueados y al menos un muerto. El argumento oficial es que el enfado por la inmigración no autoriza el vandalismo ni los ataques a personas. Eso es cierto y también es lo mínimo que se puede decir cuando mandas al ejército a la calle.
La foto incomoda. El mismo país que presume de haber enterrado el apartheid manda militares a una provincia donde la gente protesta por falta de trabajo y de vivienda. Y lo hace un mes antes de unos comicios en los que el partido de gobierno se juega ayuntamientos importantes. Que el despliegue coincida con la campaña electoral es una casualidad que muy pocos van a comprar.
Sudáfrica lleva meses con marchas contra la inmigración y medio continente mirando de reojo. El desempleo ronda cifras de crisis y quien llega de fuera se convierte en el chivo expiatorio más cómodo del mundo. Los políticos que no arreglaron nada en treinta años de gobierno descubren ahora que el resentimiento también sabe organizarse.
Mandar 510 soldados a calmar un barrio es la confesión de que el Estado llegó tarde y no sabe qué hacer. El que paga los 34 millones de rands, como siempre, es el ciudadano que todavía cree que su voto cambia algo.

