Latam

El último debate brasileño lo decidió el bolsillo

Lula y Flávio Bolsonaro se vieron las caras este viernes en el último debate antes de la segunda vuelta brasileña, y aunque bajaron el tono, no se perdonaron ni la economía ni la corrupción. Los dos llegan al domingo empatados en el 50% según Datafolha, después de que el hijo mayor de Jair Bolsonaro llegara a sacar cuatro puntos y los haya ido perdiendo. Empate técnico a un día de las urnas.

El escenario fue el estudio de Globo en Río de Janeiro, con formato rígido, atriles separados y dos horas de reloj. Flávio, el más votado en la primera vuelta con el 47%, se puso corbata y vendió futuro y prosperidad para no asustar a los indecisos. Lula apareció sin la corbata de colores brasileños y repartió ironía. Le dijo a su rival que era de esos estudiantes que memorizan pero no aprenden, y que no conoce Brasil ni sabe lo que es el hambre.

El momento caliente fue el insulto. Flávio acusó al gobierno de dar ayudas con una mano y quitarlas con nueve dedos, en alusión a la amputación que Lula sufrió trabajando de tornero, y Lula salió del atril. No voy a permitir que un miliciano me llame nuevededos, dijo, alguien que nunca trabajó en la vida. Flávio pidió disculpas, pero le devolvió la pelota preguntando si él pediría perdón al pueblo que sufre con la inseguridad. La grada de Lula aplaudió. Los dos quedaron retratados.

Donde de verdad se jugaba la tarde era en el dinero. Flávio machacó con el endeudamiento: las familias brasileñas dedican ya casi un tercio de su sueldo a pagar deudas, un récord, y el Banco Central mantiene el tipo en el 13,75% anual para contener la inflación. Le preguntó al presidente cuándo pisó un supermercado por última vez. Lula respondió con crecimiento por encima del 2% y salario subiendo más que los precios, y avisó de que su adversario copiaría la motosierra del argentino Javier Milei. Cada uno con su relato y los dos con la calculadora en la mano.

En medio del rifirrafe quedó un detalle que dice mucho del país. Lula, que acaba de estrenar su primer móvil, invitó al público a googlear las afirmaciones de su rival. Flávio le contestó de inmediato: quién gobierna Brasil, tú o Google. Buena pregunta. El domingo lo deciden los votantes, que llevan meses oyendo las mismas promesas de siempre.