Países Bajos se raja del impuesto a la riqueza
Países Bajos acaba de renunciar a cobrar impuestos sobre beneficios que nadie ha ganado todavía. El gobierno enterró en el plan fiscal de 2027 el impuesto sobre rendimientos ficticios de acciones, bonos y criptomonedas, y en su lugar promete un sistema que solo grava la ganancia cuando vendes. La retirada es en la práctica una retirada, aunque en La Haya nadie quiera llamarla así.
La ley que ahora se archiva había pasado la Cámara Baja en febrero. Iba a clavar un 36% anual sobre el aumento de valor de las carteras a partir de enero de 2028, vendieras o no. Daba igual que el activo subiera un 20% o se hundiera un 30%: Hacienda te cobraba sobre el papel. Los senadores respondieron con 36 páginas de preguntas, una petición ciudadana juntó más de 61.000 firmas y hasta los partidos de la propia coalición dijeron que preferían gravar lo que uno ingresa de verdad. El Senado debatió el asunto el 30 de junio y no votó. El 7 de julio dejó escrito que no le hacía ascos a retirarlo del todo.
Lo que el ciudadano holandés tiene hoy es un sistema provisional que se remonta a 2021, cuando el Tribunal Supremo tumbó el impuesto anterior en la famosa sentencia de Navidad. El fallo fue claro: no puedes cobrarle a alguien por una renta que nunca recibió. Y sin embargo ahí sigue, porque el fisco se inventa lo que ganas. Asume un 6% sobre tus inversiones y te aplica el 36% sobre ese supuesto. Traducido: con 100.000 euros en cartera, el Estado se imagina que ganaste 6.000 y te sopla 2.160 al año. Subieras o bajaras, pagas.
El plan de 2027 incluso aprieta un poco más la tuerca aunque te libre del desaguisado. Sube la exención hasta 60.098 euros, pero también la rentabilidad que da por sentada, del 6% al 6,37%, así que cada 100.000 euros por encima del umbral te cuestan unos 133 euros extra en impuestos imaginarios. El sistema nuevo, el que gravaría lo que de verdad ganas, no llegará antes de 2029 y puede que se estire hasta 2032. La broma le cuesta al Estado unos 3.000 millones de euros al año que deja de recaudar.
Lo que llama la atención es lo sola que estaba la idea. Ningún país europeo cobra de forma recurrente por ganancias no realizadas. Lo más parecido son los impuestos de salida para quien se larga, que existen en 8 de los 27 miembros de la UE, y el caso danés de ciertos fondos. Con un 36%, Países Bajos se habría plantado entre los más caros del continente. Aun sin la parte del papel mojado, sigue muy por encima de la media europea del 16,7%. Quien tenga dinero móvil y dos dedos de frente ya estaba mirando el mapa. El gobierno lo entendió tarde. Mejor tarde que nunca.

