El Senado quiere ver los pagos de Tether al chico de Trump
El senador demócrata Richard Blumenthal abrió una investigación sobre los pagos de Tether a Nxum, la consultora que cofundó Bo Hines, el exasesor de cripto de la Casa Blanca. El 22 de octubre la minoría de la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado mandó cartas a Tether y a la propia Nxum exigiendo contratos, registros de pagos, direcciones de billeteras y comunicaciones de lobby, con plazo hasta el 3 de noviembre. La tesis del escrito no es sutil: Tether pagó millones a una empresa controlada por el funcionario que escribía la ley de stablecoins, mientras ese mismo funcionario pedía agujeros legales en su favor.
El informe que destapó todo es del Wall Street Journal, del 14 de octubre. Según los documentos y mensajes revisados, más de 6 millones de dólares salieron de Tether hacia Nxum mientras Hines trabajaba en la Casa Blanca, con un contrato de 415.000 dólares por mes desde mayo de 2025. Nxum no tenía historial vendiendo consultoría exitosa, porque antes había intentado lanzar un activo digital con temática de marihuana y una memecoin de Trump, y las dos fracasaron. Su ventaja era otra, y todos la conocemos.
El detalle que huele peor es cómo se movió la plata. Tether no le pagó directo a Hines. Asignó el contrato a una agencia de marketing llamada Notorious, que después giró los fondos a Nxum, y ahí se repartieron en tres y se transfirieron otra vez. Ya fuera de la Casa Blanca, Tether empezó a contratar y pagar a Nxum de forma directa, y a los pocos días anunció que había contratado a Hines, al que terminó nombrando CEO de sus operaciones en Estados Unidos. El mensaje de Paolo Ardoino a sus lobistas fue categórico: había que obliterar a los opositores de la ley GENIUS.
Lo que se cocinó se conoce como el agujero Tether, cambios en la ley que le permitían seguir operando fuera de Estados Unidos y darle más tiempo para cumplir las reglas. La empresa con más en juego en la legislación terminó escribiendo, con ayuda de un asesor que seguía cobrando de ella, las reglas que la iban a beneficiar. Y encima repartiendo sobres por el camino, con una oferta de más de 300.000 dólares y una tajada de pagos futuros a cambio de firmar un acuerdo de confidencialidad.
Acá no hay que elegir bando entre republicanos y demócratas, porque el problema es el mismo de siempre: el que hace las reglas también cobra de los que van a ser regulados. Tether no inventó nada nuevo, solo modernizó el viejo arte de comprar voluntades con contratos de consultoría y pagos en cripto. Blumenthal tendrá su audiencia, Tether entregará papeles con abogados caros y todo quedará en un informe que nadie lee. El que paga la fiesta, como siempre, es el que creyó que las cripto eran de la gente.

