Latam

Le roba la propina, la encara con un cuchillo y le da de comer

Un hombre intentó robar el frasco de las propinas de una cafetería de Saavedra, en Buenos Aires, y la empleada lo persiguió por la calle con un cuchillo de cocina hasta hacerle devolver el dinero. Lo insólito no fue la persecución. Fue lo que vino después, cuando la trabajadora le dijo al ladrón: Vení, te voy a dar de comer igual.

El episodio ocurrió el martes en un local de la calle Amenábar 3821, entre Paroissien y la avenida García del Río. Las cámaras de seguridad grabaron todo. El hombre entró cuando la empleada no estaba en la barra, agarró el efectivo guardado en el frasco de las propinas y salió caminando rápido, empujando un carro de bebé en el que llevaba sus cosas.

La mujer lo vio, tomó una cuchilla de la cocina y salió detrás. En la calle le exigió a gritos el dinero, el tipo intentó negarlo y al final lo devolvió. Cuando comprobó que estaba todo, la empleada volvió a entrar, guardó la plata en el frasco y preparó una bolsa de papel con una factura. Salió, se la entregó en la mano y el hombre le pidió disculpas, le dio las gracias y se fue.

El video se viralizó por la doblez de la escena. Una trabajadora que arriesga el pellejo para recuperar las propinas de todo el turno y que, con la misma mano que sostenía el cuchillo, le da de comer al tipo que se las quiso afanar. Es un gesto que conmueve y que a la vez retrata un país roto, donde la gente se organiza como puede porque nadie más lo hace.

Conviene mirar lo que hay detrás. En Argentina la calle se ha vuelto un lugar donde el que trabaja tiene que ser policía, juez y asistente social en el mismo minuto. El ladrón que empuja un carrito de bebé robando monedas no es un villano de película, es el resultado de años de gestión que convirtieron el hambre en paisaje. Y la empleada que reparte comida tras recuperar lo robado no es una santa, es alguien a quien el Estado le dejó todo el trabajo encima.

El día que un país necesita que sus mozos hagan de Estado, el problema no son los mozos.