Latam

Meta y Lula se pelean por el algoritmo

500.000 reales al día de multa, unos 93.000 dólares, es lo que el Tribunal Superior Electoral de Brasil puso sobre la mesa para obligar a Meta a tratar igual a los dos candidatos de la segunda vuelta. La campaña de Lula denunció que la plataforma reduce el alcance de sus publicaciones y favorece a Flávio Bolsonaro. Meta respondió que no toma partido y que fueron fallos técnicos.

El juez Marco Aurélio Bellizze admitió que no ve elementos suficientes para concluir que hubo manipulación deliberada, pero impuso 17 determinaciones para garantizar la igualdad en la distribución de contenido político. Meta asegura que las cumple todas, que las restricciones automáticas pasan por revisión humana en dos horas y que mantiene una lista de autorización para evitar que terceros compren publicidad electoral.

El fallo más citado ocurrió el 23 de septiembre, cuando la cuenta publicitaria de la campaña de Lula quedó desactivada por error durante algo más de una hora. Un anuncio fue identificado como posible suplantación de un programa social del Gobierno. Ese tipo de error alimenta la teoría del sesgo, aunque el sesgo real sea la incompetencia de un sistema automatizado.

Lo llamativo es que las dos campañas acudieron al mismo tribunal por el mismo motivo. Lula dice que lo esconden, Bolsonaro dice que lo perjudican, y ambos exigen que la plataforma sea neutral. Cuando todos los bandos creen que el algoritmo conspira contra ellos, lo más probable es que el algoritmo solo esté optimizando lo que le conviene a Meta.

En la primera vuelta Flávio sacó 47% frente al 45% de Lula, y las encuestas para el domingo 25 dan 51 a 49, un empate técnico. La campaña oficialista ya anunció que llevará el caso a la OEA, a la Unión Europea y al Parlamento del Mercosur. Si pierden, la culpa será de Facebook; si ganan, la culpa será del pueblo.

Nadie va a auditar el código de Meta y todos van a aceptar su palabra. El árbitro de la elección más grande de América Latina es una empresa privada que responde a sus accionistas. Que los políticos discutan su neutralidad es la confesión más honesta que van a hacer este año.