Latam

Dos apellidos y un banco en el debate brasileño

Lula y Flávio Bolsonaro se cruzaron acusaciones de corrupción y ninguno aclaró de dónde salió el dinero. El domingo, en el primer cara a cara televisado de la campaña, los dos candidatos se interrumpieron, se atacaron sin piedad y dejaron sin responder la única pregunta que importaba: el banco que aparece en los dos lados del ring.

Todo gira alrededor de Daniel Vorcaro, el antiguo dueño del Banco Master, y de la montaña de pagos que salieron de su caja. La hipótesis que maneja la prensa es que ese dinero sirvió para financiar la estancia de Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos, donde el hijo del expresidente se reunió con representantes de la Casa Blanca para empujar sanciones contra Brasil por el juicio a su padre, condenado por intento de golpe de Estado. Lula puso el dedo ahí y Flávio respondió con el apellido de siempre: “La mentira es el fuerte de la familia Bolsonaro”, disparó el presidente.

El senador no se quedó quieto y contestó con un “Tu nariz está creciendo, Lula. Ten cuidado”, antes de recordarle las tres investigaciones abiertas contra Fábio Luís, el primogénito del presidente, conocido como Lulinha, por tráfico de influencias durante el gobierno de su padre. “Usted protege a su hijo. Su Gobierno se convirtió en un mercadeo de negocios”, le soltó. Dos dinastías, dos hijos con problemas y un país entero mirando el reloj.

La geopolítica entró de rondón. Lula le preguntó a Flávio si va a seguir el modelo de Milei y si ha visto cómo está Argentina, y el senador devolvió la pelota relacionando a su rival con Daniel Ortega, con Nicolás Maduro, “que está preso”, y con el expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Nadie habló de precios, de impuestos ni de deuda pública. Da igual, porque en Brasil la campaña se gana pegando al adversario, no explicando el programa.

En seguridad sí coincidieron, aunque con los titulares de siempre. Flávio prometió declarar la guerra al “narcoterrorismo” a partir de enero y recuperar cada calle, cada barrio y cada territorio arrebatado al pueblo. Lula defendió la ley antifacciones aprobada en su mandato, prometió liberar los territorios para las comunidades y anunció un Ministerio de Seguridad Pública si el Senado aprueba la reforma. Los dos saben que el crimen organizado manda en demasiadas ciudades y que el votante lo nota cada día.

La segunda vuelta es el domingo 25 y definirá quién manda hasta 2030. La pregunta ya no es quién gobierna mejor, sino quién tiene el entorno más limpio, y con estos antecedentes la respuesta honesta es que ninguno. En Brasil la corrupción dejó de ser un escándalo para convertirse en el manual de campaña.