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Irlanda cuenta cuatro muertos en Waterford

Dos adultos y dos niños murieron en el incendio que arrasó una casa en Waterford, Irlanda, poco después de las cinco de la mañana del martes. Los fallecidos eran Philip y Kim English y los niños Callum y Jayden, los dos menores de diez años. La policía cree que el fuego fue provocado y ya habla de asesinato.

Este jueves detuvieron a un hombre de veinte años y a una mujer de treinta por el caso. Los dos niños que sobrevivieron con heridas graves fueron trasladados a Dublín. Una familia entera borrada de un día para otro, en la misma calle donde vivía.

Hay algo que debería incomodar más de lo que incomoda. El sistema sirve para contar los muertos y detener a los sospechosos, pero llegó tarde. Un incendio intencional en una casa donde dormían cuatro personas no empieza a las cinco de la mañana, empieza mucho antes. Empieza en los agujeros que el Estado no tapa, en los conflictos que nadie atiende y en las señales que aparecen cuando ya es tarde.

La investigación acaba de empezar y todavía no hay condena. Está bien que la policía haga su trabajo. Lo que no está bien es que la única respuesta del Estado llegue cuando ya hay cuatro ataúdes.

Irlanda lleva años discutiendo cómo repartir permisos, cuotas y subvenciones. Mientras tanto, en Waterford, alguien entró a la casa de una familia a prenderle fuego. Los debates se hacen con micrófonos, las consecuencias se pagan con vidas.

Los vecinos piden que quien lo hizo se entregue. Es la frase que se usa cuando ya no queda nada por hacer. La comunidad hace lo que el Estado no supo hacer antes: mirar la calle.