Pakistán entierra 34 niños y promete investigar
34 niños y una profesora muertos. El techo de una escuela privada de Peshawar se vino abajo durante las clases de la mañana y sepultó a los alumnos que estaban en las aulas de la planta baja. Doce de las víctimas eran niñas. La más pequeña tenía seis años.
El Al Khair Education Center era un edificio de tres plantas con unos 1.200 alumnos matriculados, según contó una profesora herida desde la cama del hospital. El techo de un piso superior colapsó sobre las aulas de abajo y dobló dos plantas enteras. La operación de rescate duró más de cuatro horas y, cuando terminó, ya no quedaba nadie con vida bajo los escombros. Más de cincuenta personas resultaron heridas, tres de ellas en estado crítico por golpes en la cabeza.
El dueño del colegio, Mohammad Khan, está detenido. La policía de Peshawar dice que el edificio tenía una estructura débil y que el techo estaba sobrecargado con obras de construcción encima. El propio dueño echó la culpa a las lluvias recientes, que según él habrían debilitado una de las cubiertas. Da igual cuál de las dos versiones sea la buena: alguien decidió meter a más de mil niños en un inmueble que no aguantaba su propio peso.
La escena se repite con una monotonía que ya no sorprende. Colegio privado, construcción barata, permisos que nadie revisa, inspecciones que no existen y un país que descubre la fragilidad de sus edificios solo cuando caen encima de los que no pueden defenderse. En Peshawar hay escuelas apiladas en estructuras levantadas a toda prisa, porque la educación se convirtió en negocio y el negocio no tiene inspectores.
El presidente Asif Ali Zardari expresó su “profundo dolor”, dijo que la tragedia “conmocionó a toda la nación” y pidió una investigación exhaustiva y que los edificios escolares cumplan las normas de seguridad. El gobierno provincial de Khyber Pakhtunkhwa formó un comité para investigar. Siempre hay comité. Nunca hay responsabilidad.
Un padre contó que su hijo se salvó porque había salido del aula a beber agua. Así funciona la supervivencia en estos sitios: por casualidad, por un vaso de agua, por haber salido un minuto antes. Treinta y cuatro familias no tuvieron esa suerte, y ninguna investigación va a devolverles a sus hijos.

