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El Papa se opera y el poder tantea

El Papa León XIV anunció que será operado en los próximos días para quitarle un nódulo del pulmón. Lo dijo él mismo, desde la ventana del Palacio Apostólico, durante el rezo del Ángelus del domingo. Los médicos lo detectaron en una revisión, en fase temprana y bien localizado, y recomendaron intervenir cuanto antes.

El Vaticano añadió que la cirugía será en los primeros días de la semana y que la recuperación ronda la semana. Suena controlado, y probablemente lo esté. Pero cuando el hombre que encabeza 1.400 millones de católicos se opera a los 71 años, el mundo entero empieza a hacer cuentas sobre lo que pasa si algo sale mal.

No es solo salud. Es poder. Un papado convaleciente es un papado en el que otros empiezan a moverse. Las agendas vaticanas, las reformas a medias y las peleas internas que se mantenían bajo la alfombra asoman en cuanto el jefe baja un par de semanas de la escena.

El anuncio también deja una imagen que dice mucho. Un pontífice que comunica su propia enfermedad en directo, con nombres médicos y fechas, es un gesto de transparencia que muchos políticos del mundo no serían capaces de imitar. Ellos filtran, esconden y niegan hasta que ya no pueden.

León XIV se somete al quirófano con el calendario abierto. Si la recuperación sale como dicen, en siete días vuelve al balcón como si nada. Y si no, habrá empezado a escribirse el próximo cónclave a espaldas de todos. La salud de un Papa nunca fue un asunto privado.