Latam

Perú tiembla otra vez y nadie construye

Un temblor de magnitud 5,2 sacudió el sur de Perú con epicentro cerca de Quilca, en Arequipa. No hubo muertos ni daños materiales, según los primeros reportes. Y esa es precisamente la noticia: que un país acostumbrado a moverse por debajo no reaccione a nada.

Arequipa es la región más sísmica del país. Solo en lo que va de año acumula decenas de eventos y el resto de la costa no se queda atrás. El Instituto Geofísico del Perú reporta cientos de sismos cada año, y el promedio ronda los 800. La mayoría no pasa de un susto. Pero el susto se repite tantas veces que la gente dejó de mirar.

El problema no es el temblor de 5,2 de hoy. Es el que todavía no llegó. Los geólogos hablan de un silencio sísmico de siglos frente a la costa de Lima, una acumulación de energía que en algún momento se suelta. Cuando eso pase, no habrá ollas comunitarias ni reportes de “sin daños”. Habrá escombros, y muchos.

Mientras tanto, la política sigue en lo suyo. Perú cambió de jefe policial, discute escándalos y se pelea por el poder, y ninguno de esos temas hace que un solo edificio sea más seguro. Las normas de construcción se escriben bonitas en el papel y se ignoran en la obra. Es el clásico: el Estado prepara discursos para el terremoto que viene y no prepara ciudades.

Un país que tiembla cada semana debería ser el más listo del continente a la hora de construir. En lugar de eso, apuesta a que la suerte aguante un año más. La naturaleza cobra estas apuestas con intereses.