El Bolsonaro que huyó con el pasaporte cancelado
Flávio Bolsonaro está en un avión rumbo a Estados Unidos este martes, un día después de que el Supremo Tribunal Federal le ordenara entregar el pasaporte y le prohibiera salir del país. El senador y excandidato presidencial, que perdió el domingo la segunda vuelta frente a Lula da Silva, salió de Brasil en medio de un hermetismo total, y su destino final apunta a Florida, según el portal Metropoles. Una fuente cercana al clan confirmó el vuelo a LA NACION, medio aliado de EL TIEMPO, sin dar detalles de cómo se fue.
El reloj apretaba. El juez Alexandre de Moraes había fijado el lunes un plazo de 24 horas para que el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro entregara sus documentos. Al vencer el plazo, a las 11 de la mañana de este martes, la Policía Federal canceló tanto el pasaporte común como el diplomático. El motivo declarado es una causa por lavado de dinero, y ahora el senador del Partido Liberal es, sobre el papel, un hombre al que su país le acaba de retirar el permiso para volver a entrar por la puerta grande.
Las versiones se acumulan y ninguna cuadra. Infobae dijo temprano que había huido por tierra hacia Argentina en la madrugada para luego volar a Estados Unidos. La policía no registraba ninguna salida formal a su nombre. Y el propio gobierno argentino salió a aclarar que no anotó “ingreso alguno” de Flávio Bolsonaro al país. Cada aclaración dejaba más preguntas que respuestas.
Lo que queda claro es el patrón, y es el de siempre. La familia que durante años vendió mano dura, orden y ley se mueve con una libertad que el ciudadano común no tiene ni soñada. Cuando la justicia aprieta, el apellido correcto encuentra la puerta lateral, el avión privado y un estado norteamericano dispuesto a recibirlo. El resto de los mortales se queda esperando audiencia.
Brasil votó y eligió a Lula el domingo. La mitad que perdió ya está aprendiendo la lección de su vida: las reglas son para todos, salvo para los que nunca las cumplieron. Y si mañana este asunto se diluye en un tecnicismo procesal, nadie debería sorprenderse. Los pasaportes se cancelan, las excusas se fabrican, y el que puede volar, vuela.

