Latam

Tres horas con un cuchillo en la escuela

Trece niños de cuatro y cinco años pasaron unas tres horas encerrados con un hombre armado. Ocurrió el viernes en un centro de educación infantil del barrio São Braz, en Curitiba, y terminó con el agresor abatido por la policía después de que la negociación se agotara. Algunos menores salieron con golpes, uno con heridas en la cara.

El hombre entró en el edificio por la tarde, roció una sala con combustible y se atrincheró con los chicos amenazando con prenderla fuego. El resto de alumnos y el personal fueron evacuados sin heridos mientras un helicóptero sobrevolaba la zona. La policía tardó tres horas en entrar, y solo lo hizo cuando el tipo empezó a agredir a los niños.

Después de matarlo, los agentes lo identificaron y confirmaron que sufría esquizofrenia. Durante las negociaciones no dijo nada coherente, ni un motivo, ni una exigencia. Se movilizó al Bope y hasta un operativo aéreo para un solo individuo que ya estaba dentro con los críos. La pregunta que nadie contesta es dónde estaba el control cuando entró.

La Secretaría de Educación dijo que acompañó a las familias y que mandó funcionarios al lugar. Nada de eso devuelve las tres horas que esos niños pasaron con un cuchillo apuntándoles. Cuando el drama ya ocurrió, el Estado aparece con comunicados y atención psicológica, pero no antes, cuando habría servido.

La moraleja es incómoda y por eso se evita. La seguridad de los chicos no depende de cuántos uniformes lleguen después, sino de que un perturbado no pueda caminar hasta la puerta de un aula con combustible en la mano. Lo demás es gestión de la tragedia, no prevención.