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Polonia: el tribunal que nadie reconoce

El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, dio media vuelta en pleno vuelo hacia Senegal después de que la policía entrara en la sede del Tribunal Constitucional y suspendieran a su presidente. En un momento como este, el presidente debe estar en Polonia, escribió en X para justificar su regreso a Varsovia.

El suspendido es Bogdan Swieczkowski, nombrado por el anterior gobierno nacionalista de Ley y Justicia, que fue viceministro de Justicia con el PiS. La decisión la anunció otra jueza del tribunal, Anna Korwin-Piotrowska, la de más antigüedad, que ahora queda al mando. Fuera del edificio se concentraron cientos de manifestantes con fuerte presencia policial, y la cuenta oficial del tribunal llegó a hablar de un golpe de Estado.

El choque viene de lejos. El Tribunal Constitucional lleva años paralizado porque el gobierno proeuropeo de Donald Tusk y el presidente nacionalista no reconocen a los jueces que nombra el otro. Nawrocki se negó este año a juramentar a tres de los seis magistrados elegidos por el Parlamento, mientras Swieczkowski bloqueaba a los que quería nombrar la mayoría actual.

Es la enésima escena de una pelea que tiene de rehén a la institución que debería resolver las peleas. Un tribunal que decide qué es constitucional y qué no, convertido en un ring donde el árbitro también cobra de un bando. La policía dentro del edificio y los seguidores del partido desalojado gritando en la calle no arreglan nada, solo confirman que en Polonia la justicia se negocia, no se aplica.

Lo curioso es que todos invocan la ley. El gobierno dice que la ordena, el presidente dice que la defiende y el tribunal suspendido dice que lo han dado un golpe. Cuando cada bando tiene su propia versión de la Constitución, la única certeza es que los ciudadanos vuelven a pagar la factura de una pelea entre élites. Y esa sí que es constitucional en media Europa.