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El ébola pasa de 10.000 casos y nadie mueve un dedo

La República Democrática del Congo superó los 10.000 casos confirmados de ébola. Es el brote de crecimiento más rápido de la historia y casi la mitad de los 10.060 contagiados ha muerto, según el propio Ministerio de Salud del país. Más de cinco meses después de declararse, la enfermedad no afloja.

La cepa no ayuda. Es la Bundibugyo, rara, sin vacuna aprobada ni tratamiento específico. Cuando no existe una bala contra el virus, todo depende de rastrear contactos, aislar enfermos y convencer a la gente de que deje entrar a los equipos de salud. Ahí es justo donde se rompe la cadena.

El sábado, en Bafwasende, provincia de Tshopo, un grupo de jóvenes armados con machetes mató a un enfermero que respondía a una alerta de ébola y dejó gravemente herido a otro trabajador sanitario. No es un caso aislado. Los ataques contra personal de salud se repiten y cada agresión retrasa días de rastreo que luego se pagan en muertos.

Mientras el brote cruza fronteras del continente, los organismos internacionales redactan condenas y llaman a la calma. Los mismos que llevan meses prometiendo apoyo no consiguen frenar una epidemia donde el enemigo no es solo el virus, sino la desconfianza de la gente y la ausencia del Estado.

Occidente tiene ojos para una guerra en Europa y presupuesto para contratistas de defensa. Para 10.000 casos de ébola en el África central hay comunicados. Nada más.

El brote más rápido de la historia y la respuesta más lenta de las instituciones. Si algo define a esta época es la capacidad de mirar hacia otro lado con muchísima precisión.