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Serbia vota contra doce años de Vucic

Serbia celebra este domingo unas elecciones anticipadas que se han convertido en un plebiscito sobre Aleksandar Vucic, el hombre que gobierna el país desde hace más de una década, y las colas en los colegios electorales duplican las de los comicios de 2023. Enfrente tiene algo que ningún partido tradicional logró montar: un movimiento estudiantil sin líderes conocidos.

Todo empezó con un tejado. En noviembre de 2024 se derrumbó la marquesina de la estación de tren de Novi Sad y mató a 16 personas. Los estudiantes salieron a la calle convencidos de que la negligencia que provocó el derrumbe salió de la corrupción y el amiguismo en la cúpula del Estado. Dos años después, esas protestas son las más grandes que ha visto el país en una generación y han terminado convertidas en una candidatura.

La lista se llama Student List y tiene una particularidad que desconcierta a los aparatos de siempre: los estudiantes no se presentan ellos mismos. Los 250 candidatos, encabezados por el cardiólogo Ilija Srdanovic, son profesores, médicos, actores, agricultores y deportistas poco conocidos, elegidos por asambleas universitarias. La idea es responder al poder de un solo hombre con una especie de comunidad repartida. Ya han recorrido el país en bicicleta y a pie para llegar a los pueblos rurales, los feudos históricos de Vucic.

Los sondeos dan ventaja al gobernante pero estrecha. Una encuesta de Ipsos publicada el jueves sitúa al Partido Progresista Serbio con el 47% de los votos y a los estudiantes con el 40%. Vucic, que dimitió de la presidencia el mes pasado para liderar la campaña y volver como primer ministro si gana, compareció ante los periodistas con una frase que resume su estilo: la voluntad del pueblo es la voluntad de Dios. También prometió respetar el resultado y avisó de que cualquier protesta que impugne su victoria será sofocada de inmediato.

La jornada transcurre con una participación que los propios estudiantes describen como colas de esperanza. Compiten 18 partidos por 250 escaños, con un umbral del 3% que probablemente dejará fuera a los más pequeños. Los observadores independientes han advertido de posibles irregularidades y la comisión electoral no publicará el recuento oficial hasta el lunes. Los analistas temen inestabilidad posterior si el resultado es ajustado.

La moraleja va más allá de Serbia. Cuando una clase política se acostumbra a construir su fortuna sobre escombros ajenos, tarde o temprano aparece alguien dispuesto a pasarle la factura. Lo que ocurre este domingo en los colegios serbios demuestra que a los aparatos de poder se les puede plantar cara sin necesidad de un caudillo propio. Basta con dejar de tener miedo.