Latam

Brasil vota en el filo de la navaja

Brasil decide su presidencia este domingo 25 de octubre con las encuestas empatadas al 50 %. Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan a la segunda vuelta casi calcados, después de que el hijo mayor del expresidente diera la sorpresa y ganara la primera ronda del 4 de octubre.

Los números del primer asalto fueron apretados. Flávio Bolsonaro se llevó el 47,03 % de los votos válidos y Lula quedó en 45,16 %, un resultado que pilló a contrapié a un oficialismo que esperaba cerrar la elección de una vez. Votaron 125 millones de personas de los casi 159 millones habilitados. El Datafolha del 22 de octubre dejó a los dos con 50 % en votos válidos, y las últimas proyecciones dan una ventaja mínima al senador del Partido Liberal.

El que gane hereda un país con la caja en rojo, la reforma tributaria a medio cocinar y un Banco Central que lleva años con los tipos por las nubes para domar la inflación. Los desafíos que repiten los analistas no son ningún misterio: cuadrar las cuentas, sacar adelante la reforma fiscal, frenar el gasto público, devolver oxígeno al crédito y convencer al mercado de que la fiesta no sigue. Cada candidato tiene su receta, y son opuestas.

Hay un dato que a Lula no le hace gracia. En la historia electoral brasileña ningún candidato que perdió la primera vuelta ha logrado darle la vuelta al resultado en la segunda. La política está llena de primeras veces, pero la tendencia histórica es la tendencia histórica.

Al final, Brasil elige entre dos apellidos y entre dos maneras de entender el Estado. Uno quiere más gasto, más ministerios y más tutela. El otro promete recortar y abrir. Lo que no cambia con ninguno de los dos es que la factura de años de desgobierno la va a pagar el mismo de siempre: el que madruga a trabajar y ve cómo su dinero se evapora en Brasilia.