El pasaporte argentino que depende de Milei
350.000 dólares por un pasaporte argentino que puede desaparecer con el próximo gobierno. Eso es lo que ofrece el programa de ciudadanía por inversión que Milei creó por decreto y que ahora pone precio. La donación al Tesoro es no reembolsable, la vía de bonos sube a 800.000 dólares, y una familia de cuatro paga 500.000 por la puerta de la donación.
El problema no es el precio. Es quién firma el contrato. Un pasaporte no se compra a un país, se compra a un gobierno, y los gobiernos cambian. Milei levantó toda la estructura con un decreto de emergencia en lugar de una ley del Congreso, y el 30 de junio la Cámara Nacional Electoral declaró ese decreto nulo en un caso de naturalización ordinaria. El fallo no tocaba directamente al programa de inversión, pero le quitó el suelo.
Mientras tanto hay dos proyectos de ley en marcha. El de Capitanich en el Senado prohíbe la ciudadanía por inversión pero respeta las ya concedidas. El de Rossi y Olmos en Diputados va más lejos: anula las ciudadanías otorgadas y ordena cancelar los documentos. Llegar primero a la cola no te saca de la pelea política.
Ninguno de los dos proyectos contempla devolver el dinero. Si el programa se cae, el inversor no compra un estatus, compra un pleito sobre su estatus. Y el propio autor de la pieza, Adam Juchniewicz, lleva más de 250 días esperando respuesta a su solicitud de residencia. El gobierno encontró el precio antes que la solución.
Ahí va la moraleja para el que todavía se lo piense: un pasaporte serio tiene que sobrevivir al presidente que lo inventó. Si tu plan de libertad depende de que gane un hombre concreto, no tienes libertad, tienes una apuesta. Y las apuestas se pierden.

