Seis muertos en un funeral en Karak
Seis muertos y 28 heridos. Dos hombres armados entraron el viernes en una iglesia ortodoxa griega de Karak, a 110 millas al sur de Amán, y dispararon durante varios minutos contra un funeral. Uno llevaba rifle, el otro pistola. Se bajaron de un coche y abrieron fuego contra la congregación de la iglesia de Hamoud.
La cifra cambió con las horas. Los medios locales hablaron primero de siete víctimas y la dirección de seguridad pública jordana corrigió después a seis. No hubo reclamación inmediata y las autoridades todavía no dicen quién está detrás. En un país donde los cristianos son minoría y los ataques de este tipo son rarísimos, la ausencia de explicación pesa más que el parte oficial.
Jordania vive del turismo religioso y de la imagen de estabilidad que vende a Occidente. Tiene lugares bíblicos, peregrinos, hoteles y un servicio de seguridad entrenado por medio mundo. En 2016 el Estado Islámico mató a catorce personas en el castillo de Karak, el mismo distrito que ahora vuelve a salir en las portadas. El precedente existe y nadie quiere nombrarlo.
Un funeral es el blanco más cobarde que se puede elegir. No hay enemigo armado, no hay resistencia, solo gente reunida para enterrar a alguien. Que dos tipos con rifle y pistola necesiten varios minutos para hacer esto dice mucho de su valentía y poco de la capacidad de reacción local. El comunicado oficial llegará cuando convenga; los muertos ya están enterrados.

