Airbnb prohíbe que te hagan limpiar la casa
Desde el 20 de noviembre, Airbnb no puede pedirte que hagas las camas ni que laves la ropa. La plataforma de alquileres reescribió sus reglas y dejó claro que los anfitriones pueden hacer “peticiones” al huésped, pero esas peticiones tienen que ser razonables. Sacar sábanas, poner lavadoras o cualquier cosa que haría una persona de limpieza queda fuera.
Lo que sí se permite es recoger las toallas usadas, un detalle tan pequeño que casi no vale la pena escribirlo en una política. El propio Airbnb marcó la línea: nada de tareas que exijan esfuerzo o tiempo considerable, ni cosas que normalmente haría un limpiador. Es decir, el trabajo gratis que muchos anfitriones habían convertido en norma.
La actualización va más allá. Los anfitriones tendrán que elegir entre siete reglas estándar y luego añadir notas como peticiones. Y esas reglas solo pueden aparecer en la sección dedicada del anuncio. Se acabaron los carteles pasivo-agresivos pegados en la cocina, las notas por mensaje después de reservar y los recordatorios en persona.
La empresa dejó abierta una excepción para casos raros, como pedir que la basura vaya en un contenedor a prueba de osos donde hay osos. Tiene sentido. Lo que no tiene tanto sentido es que hasta ahora hubiera que regular por escrito algo tan básico como no explotar al que te paga por dormir en tu casa.
La moraleja es simple: el mercado habló más fuerte que cualquier reglamento. Los huéspedes se cansaron de pagar tarifas de limpieza y encima fregar el baño. Si una plataforma necesita siete reglas para explicar que al cliente no se le pide hacer el trabajo de un empleado, el problema nunca fue el cliente.

