Apple cobra 2.000 dólares por doblar el móvil
1.999 dólares por un teléfono que se dobla. Ese es el precio del iPhone Duo, el primer plegable de Apple, y la cifra explica casi todo lo que viene después. Cinco años tarde, con Samsung y Google comiéndose los errores por ella, la compañía de Cupertino saca un aparato que funciona bien y cuesta como un portátil decente.
La pantalla exterior es de 5,4 pulgadas OLED a 120 Hz y llega a 3.000 nits. La interior sube a 7,6 pulgadas con acabado mate, que disimula reflejos y también ese pliegue que sigue estando ahí cuando lo buscas con la luz correcta. El marco es de titanio y pesa lo suyo, algo que la review de Engadget señala sin rodeos y que cualquiera nota en el bolsillo del pantalón.
El software es donde se ve que esto es un primer intento. Contactos y App Store se adaptan al panel grande, pero Telegram y media docena más se abren en vertical con dos franjas muertas a los lados. Apple pone botones para girar la app a horizontal, que es como tapar un agujero con cinta aislante. El resultado es funcional y feo al mismo tiempo.
Las cámaras cumplen: dos sensores de 48 megapíxeles detrás, uno de 12 delante y vídeo 4K a 120 fotogramas. La batería aguanta el día con un 40 por ciento de sobra, y con uso tranquilo pasa de sobra a dos jornadas. Nada de esto justifica el precio, pero al menos no hay excusas técnicas.
El detalle de fondo es que Apple ya no compite por innovar sino por cobrar. Llega última, deja que otros prueben el formato, y luego lanza el suyo sin los defectos de fábrica y con la etiqueta más alta del mercado. Es una estrategia perfectamente legítima y perfectamente cara para el que la paga.
Quien se compre el Duo tendrá un buen teléfono y una factura que duele. Quien no, esperará dos generaciones a que los desarrolladores actualicen sus apps y a que el precio baje a algo que se pueda explicar en casa. Mientras tanto, la industria seguirá aplaudiendo cada cosa que Apple cobre mil euros más de lo que vale.

