Coinbase pierde 25 millones y nadie lo comprueba
Ari Paul acusa a Coinbase de perder 25 millones de dólares de su firma y de esconder hackeos de más de 1.000 millones en una decena de instituciones. Coinbase lo niega en bloque, Paul dice que el litigio le impide publicar las pruebas, y la industria lleva semanas discutiendo quién miente.
La discusión se pierde el problema de fondo: nadie de fuera puede comprobar nada. Un exchange que custodia buena parte del mercado queda señalado por ocultar pérdidas millonarias, y las únicas herramientas disponibles son la credibilidad del acusador y la palabra del acusado. Para un activo diseñado justamente para no tener que fiarse de nadie, es un chiste malo.
El asunto no es exclusivo de Coinbase. Cuando una empresa compra bitcoin, toda la gobernanza de una cuenta bancaria normal (usuarios con nombre, permisos, reglas de aprobación, rastro de auditoría) se convierte en un login o en una cartera física en un cajón. QuadrigaCX lo dejó claro en 2018: su consejero delegado murió con las únicas llaves y con él se fueron unos 190 millones de dólares de clientes. Prime Trust descubrió en 2021 que no podía abrir sus propias carteras antiguas, y año y medio después seguía igual.
Deloitte preguntó a 200 directores financieros de empresas milmillonarias qué les frenaba. La complejidad contable y de controles salió con un 42%, casi empatada con la volatilidad. El precio del activo no era el problema. El problema era que nadie sabía quién firma cuando hay que mover el dinero.
Y el riesgo se multiplica por dos lados. El registro público de Jameson Lopp contabiliza más de 360 ataques físicos a tenedores de bitcoin desde 2014, con 86 en 2025 y más de 60 en lo que va de año. Coinbase sufrió en 2025 la filtración de datos de clientes por empleados de soporte sobornados, con un coste estimado de 400 millones. La solución razonable existe y es aburrida: multifirma con claves en instituciones independientes, usuarios identificados y políticas de retiro. Morgan Stanley ya nombró dos custodios para su ETF de bitcoin, lo que dice bastante sobre la confianza en quedarse con uno solo.
Bitcoin se inventó para que no hubiera que creerle a nadie. Un sistema donde una pregunta de mil millones sobre dinero ajeno solo la puede contestar el sospechoso ha fallado exactamente en lo que venía a arreglar.

