Chequia habla de un ejército contra Alemania
“Un ejército en nuestra frontera con Alemania”. Eso dijo Andrej Babiš, primer ministro checo, menos de una semana antes de plantarse en Bruselas para advertir que su país podría tener que defender sus fronteras contra los migrantes que llegan de Europa Occidental. La frase sonó a boutade hasta que uno mira el mapa.
Todo el mundo que rodea a Chequia pertenece a Schengen. Poner controles ahí es justo lo que el código de fronteras permite solo como último recurso. Babiš no dio detalles de cómo piensa hacerlo, pero dejó claro contra quién iba el mensaje: Países Bajos, Suecia, Alemania y, sobre todo, España.
Contra el gobierno de Pedro Sánchez fue más lejos. Habló de políticos dispuestos a “reemplazar la población para aferrarse al cargo”, una acusación que Sánchez devolvió calificando el discurso de Babiš como propio de Vox y recordándole que “una cosa es el blah blah blah y otra es la realidad”. El choque dominó la cumbre y las conclusiones finales sobre migración quedaron en tres frases, que es lo que se escribe cuando los líderes no logran acordar nada.
El dato que incomoda a Bruselas es que el club europeo ya se está pinchando entre sí. Italia reintrodujo controles para los que llegaban de España el 1 de agosto, Madrid respondió con controles recíprocos el 8, y los dos gobiernos negocian una salida desde entonces. Mientras tanto, Italia autorizó casi 500.000 visados de trabajo para no comunitarios hasta 2028, que es la misma regularización que criticaba puesta con otro nombre.
La ironía la puso el consultor Stephen Barnes, que resumió el desastre con una frase: cuando los países de la UE empiezan a protegerse de las políticas migratorias de sus vecinos, “el absurdo es completo”. Nadie parece dispuesto a hacerse la única pregunta incómoda: quién aporta de verdad a Europa y quién solo cobra la factura.
Moraleja: Bruselas vendió la libre circulación como progreso y ahora cada capital levanta controles contra la de al lado. El proyecto europeo no se cae por un enemigo externo. Se desarma solo, con cada país mirando al vecino como si fuera la amenaza.

