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El robot que aspira y graba tu baño

Un ingeniero tomó el control de 7.000 aspiradoras ajenas sin querer. No hackeó una ni dos: se metió en el servidor de DJI y descubrió que podía mover, grabar y ver lo que hacían siete mil robots repartidos por el mundo. La empresa lo tapó con dos actualizaciones en febrero de este año y siguió vendiendo cámaras rodantes como si nada.

El asunto no es una anécdota. Los modelos caros llevan micrófonos, cámara y visión remota, así que son drones bajitos que recorren tu casa a 360 grados y mapean cada rincón. La información que recogen y a dónde va depende del modelo, y en la mayoría de los casos el comprador no tiene la menor idea de lo que sale de su salón.

La política de privacidad de iRobot lo dice sin sonrojarse: los robots conectados envían nombres de habitaciones, tipos de suelo, objetos detectados, los movimientos del aparato y hasta los detalles de tu red wifi. Ahí está el negocio. Funciones como el mapa o el vídeo remoto son comodísimas, pero también cuentan si tienes una caja fuerte, si vives solo o si te dejaste la ropa tirada por el suelo.

Todo esto llega hasta el extremo de que un aparato que compraste tú trabaja para otro, y ese otro no paga alquiler. Las empresas entierran lo que hacen con los datos en párrafos ilegibles y el ciudadano firma sin leer, convencido de que limpia mientras ellos fotografían. La lección es simple: mira la política de privacidad antes de comprar, desconfía si la nube es obligatoria y ten claro que “sin cámara” no significa “sin recolección de datos”.

Y si ya la tienes en casa, cambia la contraseña, activa la verificación en dos pasos y actualiza el firmware. Que tu aspiradora sea más lista que tú es el peor negocio del siglo.