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Amazon te vende el oído y te alquila la memoria

75 dólares por el Bee Frontier y una suscripción Pro aparte. Bee, la startup de dispositivos vestibles que Amazon compró hace poco más de un año, acaba de presentar sus dos primeros productos bajo el paraguas del gigante: el Frontier y el Eclipse. Los dos son baratos, coloridos y graban lo que se dice a su alrededor.

El Frontier es la evolución del antiguo Pioneer, aquel módulo de 50 dólares que se enganchaba a una pulsera o a un clip. Ahora es más pequeño, más ligero y viene en más colores: lavanda, salvia y un negro Onyx para los que no quieren llamar la atención. Aguanta polvo y agua con certificación IP67, algo que el Pioneer ni soñaba, y mantiene los siete días de batería y los dos micrófonos con filtro de ruido.

El botón sirve para todo. Una pulsación arranca una grabación que transcribe y resume lo que pasa alrededor. Mantenerlo apretado abre el asistente Buzz o deja una nota de voz. El Eclipse es la otra pieza: un puck magnético que se pega al móvil con tres micrófonos dentro, más grueso que una tarjeta de crédito y con su propia lucecita para avisar de que está escuchando.

Hasta aquí todo suena a gadget simpático. El problema está en la letra pequeña. Para sacarle partido a cualquiera de los dos aparatos hay que pagar la suscripción Pro, así que el precio de entrada no es el precio real. Compras el micrófono y luego alquilas la inteligencia, que es exactamente el modelo que Apple, Google y todos los demás llevan años perfeccionando.

Y conviene recordar quién está detrás. Amazon compró Bee y ahora vende un dispositivo que escucha conversaciones ajenas y las guarda en la nube. La misma empresa que tiene a medio mundo diciendo “Alexa” en la cocina quiere estar también en tu camisa. Los primeros compradores deberían preguntarse qué pasa con esas transcripciones, quién las lee y cuánto tiempo se quedan guardadas.

El chisme es bonito y el precio de entrada tienta. Pero el negocio nunca fue el hardware. El negocio es la suscripción, y detrás de la suscripción está la oreja más grande del planeta.