Libertad

Chipre promete Schengen y no cumple

Chipre quería entrar en el espacio Schengen en 2026 y ahora dice que será en 2027. El viceministro de Migración, Nicholas Ioannides, lo confirmó el 10 de octubre en la radio pública del país. Un año más de espera para un Estado que lleva desde 2004 dentro de la Unión Europea y todavía no ha logrado lo más básico: que su permiso de residencia sirva para cruzar una frontera.

El presidente Nikos Christodoulides prometió en mayo de 2025 que entrarían en 2026. En noviembre del mismo año, su propio viceministro aseguraba que el apoyo político llegaría “dentro de 2026”. Ahora la fecha es 2027. Nadie ha pedido perdón y nadie ha explicado por qué el calendario se movió otra vez.

El obstáculo principal tiene nombre: la Línea Verde, la franja que parte la isla en dos desde la invasión turca de 1974. Chipre se niega a aplicar el sistema europeo de entrada y salida en esos cruces porque no quiere que una línea imaginaria se convierta en frontera dura. Bruselas quiere que el procedimiento se escriba en la ley comunitaria y que se refuercen los controles en las bases británicas. Todos fingen negociar mientras el reloj corre.

Para el ciudadano común el resultado es fácil de resumir. Una residencia chipriota hoy no sirve para viajar al resto del espacio Schengen. Hay 200.652 permisos de residencia válidos para extracomunitarios contados a finales de 2025, y los 200.652 siguen siendo papel mojado fuera de la isla. La libertad de movimiento dejó de ser un derecho para convertirse en un privilegio que se negocia en Bruselas.

Y mientras discuten, revisan el programa dorado: 12.000 permisos concedidos desde 2013 bajo la lupa y otros 28.660 desde 2014 según el Ministerio de Finanzas. El mensaje es transparente. Al rico se le vende el pasaporte y después el propio Estado audita si se lo vendió con el descuento correcto. La burocracia nunca pierde.