Hackean 150 supermercados y queman la comida
150 tiendas de Intermarché, 80 de Carrefour y las neveras a 50 grados. Un ciberataque lanzado durante la noche en Francia subió la temperatura de los congeladores hasta hacer arder los equipos y obligó a tirar toda la comida. El grupo Les Mousquetaires confirmó los 150 locales afectados. La fiscalía de París lo llamó un ataque de gran escala con pérdidas de alimentos e incendios.
El método da escalofríos por lo sencillo. Nadie robó datos ni pidió rescate. Alguien entró en el software que controla la refrigeración de los supermercados y lo puso a cocinar la propia mercancía. Cuando la cadena de frío se rompe no hay hackeo de película: hay comida podrida y pérdidas que alguien tendrá que pagar.
El rastro lleva a Danfoss, un fabricante danés de componentes. La agencia nacional de ciberseguridad francesa detectó una vulnerabilidad en su software, y la empresa respondió con la excusa de manual: las tiendas afectadas usaban firmware viejo y ella llevaba tiempo avisando. Es la misma frase que oímos tras cada escándalo. La culpa nunca es del proveedor, siempre es del cliente que no actualizó.
El problema es más grande que Francia. El operador holandés Ahold Delhaize desconectó sistemas por una incidencia de seguridad, y en Estados Unidos las webs de Stop & Shop, Giant, Hannaford y Food Lion aparecieron caídas. El primer ministro francés ya coordinaba con sus socios europeos porque sospechan que afectará a más países.
Y aquí está la moraleja que nadie quiere oír. La logística alimentaria de media Europa depende de software conectado a internet y que lleva años sin recibir un parche. Dependemos de máquinas que un desconocido puede volver contra nosotros sin necesidad de ejércitos ni drones. Basta una línea de código en el termostato equivocado.
El día que esto no solo estropee comida, sino que apague la calefacción de un hospital o el agua de una ciudad, nos acordaremos de cuántos avisos ignoramos. Porque el sistema no falló solo. Llevábamos años mirando hacia otro lado mientras se caía a pedazos.

