Criptomonedas

Un iPhone robado y 14.000 dólares por el aire

Un iPhone desbloqueado y 14.000 dólares esfumados en menos de tres horas. Magnus Ahmad, exdirectivo del sector cripto reconvertido en empresario de formación en inteligencia artificial, acababa de llegar a Londres y salió de copas con viejos amigos. La noche del 8 de agosto, poco después de la una de la madrugada, dos hombres lo abordaron a la puerta de un bar de Hackney, al este de la ciudad, con una conversación amable.

Le pidieron el número de teléfono y Ahmad les pasó su iPhone 14 Pro Max desbloqueado para que lo escribieran. En ese instante apareció un tercer hombre, agarró el móvil y echó a correr. Ahmad salió detrás sin pensarlo, callejón abajo, gritando, hasta que se quedó sin aliento y sin teléfono.

A la 1:53 de la madrugada ya se estaban convirtiendo y transfiriendo criptomonedas desde su cartera MetaMask. También entraron en sus cuentas de Phantom y de Bybit. A las 3:22 se habían completado seis cargos no autorizados en tarjetas, incluidos más de 2.000 dólares en la cadena de tiendas Costcutter. Usaron su cuenta de Uber para pedir un coche y abrieron posiciones apalancadas en su cuenta de eToro con una exposición cercana a 44.000 dólares.

El balance final ronda los 14.000 dólares: unos 9.500 en cripto, casi 3.000 en cargos de tarjeta y más de 800 en pérdidas y comisiones de eToro. Sus ahorros principales se salvaron porque logró congelar las tarjetas y recuperar a tiempo las cuentas clave. El resto del daño ya no había quien lo parara.

Sobre el terreno, el consejo de Ahmad es claro. No persigas al ladrón, porque te pueden llevar a una trampa peor. Usa otro dispositivo para bloquear el móvil a distancia, congela las cuentas financieras, llama a tu operadora y denuncia a la policía. La policía de Londres dice que los robos han bajado con la última ofensiva, pero el negocio de reventar móviles ajenos sigue funcionando a pleno rendimiento.

Lo que enseña este caso no es que la cripto sea insegura. Es que todo tu patrimonio cabe en un teléfono sin contraseña, y que un par de tipos simpáticos en la puerta de un bar pueden vaciarlo en dos horas. La banca siempre lo tuvo claro: la seguridad la pones tú, el riesgo lo pagas tú y la culpa también es tuya.