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Un muerto en el centro de migrantes de Tralee

Un hombre murió apuñalado en un centro de acogida de solicitantes de asilo en Irlanda, y el Estado ya avisa de que no piensa decir gran cosa. El ataque ocurrió sobre las 5:20 de la madrugada del sábado en Ballymullen, en Tralee, condado de Kerry, dentro de una instalación del Servicio de Alojamiento para Protección Internacional. Un segundo hombre, de unos 40 años, resultó herido y fue trasladado al Hospital Universitario de Kerry, con lesiones que no ponen en riesgo su vida.

La Garda detuvo en el lugar a un tercer hombre, también cerca de los 40, que queda retenido bajo la sección 4 de la ley de justicia criminal de 1984. Eso le da a la policía un máximo de 24 horas para interrogarlo. La escena quedó precintada para el examen forense y está pendiente la autopsia.

El edificio no es un alojamiento cualquiera. Es el antiguo cuartel del ejército de Ballymullen, reconvertido desde mayo de 2024 en albergue para hasta 50 hombres solos que piden protección internacional. Un barracón militar convertido en residencia, en una localidad pequeña, sin que nadie preguntara demasiado a los vecinos.

El departamento de Justicia confirmó que responde a un incidente crítico, pero se escudó en la investigación en curso para no decir nada más. Es la respuesta de manual: cuando algo se tuerce, silencio y a esperar que pase el telediario. La alcaldesa de Tralee, por su parte, pidió a los vecinos que no propaguen odio innecesario.

Lo que no habrá que esperar es la factura política. Cada episodio así reabre la misma discusión que las élites europeas llevan años esquivando: qué pasa cuando el Estado mete a cincuenta hombres en un pueblo pequeño, les da un techo y les retira todo lo demás. Después llega la tragedia, y a los responsables siempre les pilla de sorpresa.