Nadie quiere salir en la foto con Lavrov
Estados Unidos canceló la foto de familia del G20 después de que el británico Ed Miliband y varios ministros europeos se negaran a posar al lado del ruso Serguéi Lavrov. La escena estaba prevista para el viernes por la mañana, al arrancar la reunión de cancilleres en Atlanta. El secretario de Estado, Marco Rubio, prefirió tumbar el acto antes que aguantar el papelón.
Un tercio de los participantes, entre ellos Australia y Canadá, ya habían avisado de que no pensaban aparecer junto al enviado de Putin. El alemán Johann Wadephul lo dijo sin anestesia: no hay foto de familia con Lavrov porque no existe normalidad con Rusia. Desde Londres añadieron que no hay contacto bilateral con ministros rusos desde la invasión de Ucrania en 2022.
A Lavrov le vino bien el desplante. Se lo tomó con ironía y bautizó el episodio como diplomacia de la foto familiar: si lo único que les importa es quién sale al lado de quién, eso lo dice todo. Tenía razón en algo incómodo. La política exterior se redujo a cuidar la estética del retrato.
Porque ahí está la hipocresía de fondo. Los mismos ministros que se niegan a compartir un flash con Moscú no han tenido problema en seguir alimentando el negocio energético que financia la guerra, ni en llenar de contratos a la industria de defensa. La foto se cae, las cuentas siguen cuadrando y el contribuyente europeo paga la factura.
Y mientras los cancilleres discuten quién se pone al lado de quién, Trump le abre la puerta a Putin para volver al escenario. La mesa ya está puesta para el que reparte las cartas. A los demás les queda el consuelo de no haber salido en la foto.

