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AirPods de 249 dólares que funcionan a medias

Apple vende los AirPods Pro 3 a 249 dólares, el mismo precio que los Galaxy Buds 4 Pro de Samsung, y sin embargo al conectarlos a un teléfono que no sea de la manzana pierdes casi todo lo que pagaste. No es un detalle menor ni una limitación técnica: es una decisión de diseño. El auricular suena, tú hablas y escuchas, y ahí se acaba el negocio.

Repasemos lo que se queda en casa de Apple. Fuera del ecosistema se van Siri, el cambio automático entre dispositivos, la detección de oído que pausa la música cuando te quitas un auricular, el audio espacial con seguimiento de cabeza, el test de ajuste de almohadillas, la traducción en vivo, las herramientas de salud auditiva y el sensor de ritmo cardíaco de los Pro 3. También desaparecen las actualizaciones de firmware y el Find My.

Y hay algo peor. Ni siquiera puedes cambiarle los ajustes al auricular si no tienes un iPhone, un iPad o un Mac a mano. Te quedas con lo que traiga de fábrica, o con lo último que hayas configurado desde un aparato de Apple. Compras un objeto físico de 249 dólares y la mitad de su cerebro vive en un software que no es tuyo.

El ecosistema funciona como una puerta que solo abre hacia dentro. El cambio automático salta únicamente entre dispositivos con la misma cuenta de Apple, porque la empresa usa su propio protocolo en lugar del Bluetooth multipunto estándar. Traducción: tus AirPods no pueden estar conectados a la vez a dos aparatos que no sean de Apple, aunque llevaban años haciéndolo sin problema si la casa matriz no se hubiera empeñado en lo contrario.

Con paciencia se recupera algo. La aplicación de código abierto LibrePods devuelve los modos de cancelación de ruido, la detección de conversación y los gestos de cabeza, aunque durante un tiempo exigía un teléfono rooteado y en los Samsung hizo falta One UI 9. Buena señal: hay gente dispuesta a arreglar gratis lo que Apple bloquea a propósito.

La moraleja es la de siempre. Cuando una empresa te vende hardware pero te alquila el software, tú crees que compras unos auriculares y en realidad firmas un contrato de fidelidad. A 249 dólares la pieza, el peaje del jardín vallado sale caro.