Francia va directa a la quiebra y nadie lo dice
La deuda pública francesa llegó al 119% del PIB al cierre de junio de 2026, frente al 115,7% de finales de 2025, y el propio proyecto de presupuesto para 2027 reconoce que terminará el año en el 121,7%. El Fondo Monetario Internacional proyecta un 123,6% para 2031 si nadie mete la tijera. Nadie la va a meter.
El déficit francés fue del 5,1% del PIB en 2025 y el gobierno ya admite que en 2026 será del 5,4%, medio punto por encima de lo que había prometido en su propia ley presupuestaria. El Alto Consejo de Finanzas Públicas lo escribió sin anestesia en septiembre: Francia ya se endeuda a tipos de interés superiores al crecimiento de su economía. Cuando eso ocurre, la deuda sube sola cada año aunque no se gaste un euro más.
Y Francia gasta más de lo que recauda incluso antes de pagar los intereses. Ahí está el problema que no quieren nombrar en París. Los inversores extranjeros ya tienen el 58,4% de los bonos soberanos franceses a largo plazo, según el Banco de Francia, lo que significa que el país depende de que el resto del mundo siga comprándole su deuda. Fitch lo resumió en agosto: la calificación está lastrada por una deuda alta y creciente, un panorama político y social que hace difícil consolidar las cuentas y un crecimiento potencial bajo.
Francia tiene una desventaja que no comparten Washington ni Londres: se endeuda en euros, una moneda que no imprime su banco central. Los anglosajones siempre pueden devaluar lo que deben; los franceses, no. Italia, con peores números históricos, hoy paga menos por su deuda, y Bélgica viene detrás en la lista con su propia señal de alarma.
El resto del club rico se mira en este espejo con distintos grados de incomodidad. Reino Unido proyecta una deuda bruta del 102% del PIB en 2026 y su oficina fiscal admite que la trayectoria es claramente insostenible a finales de la década de 2040. Grecia bajó del 145,4% al 111,1% previsto para 2031. Japón aguanta un 199,4%, el más alto del grupo, con la ventaja de financiarse en su propia moneda. Y en la periferia de lujo, Bahréin ya está en grado basura.
Para cada uno de estos países, el FMI proyecta una deuda menor que la francesa en 2031. La moraleja es incómoda y no la vas a leer en los editoriales de moda: los políticos que prometen gastar sin límite acaban pasando la factura a alguien que todavía no ha nacido. Francia solo va unos pasos por delante del resto.

