Bose compra Skullcandy para dejar de ser viejo
Bose se quedó con Skullcandy y no quiere decir cuánto pagó. El fabricante de auriculares anunció la compra esta semana y dejó claro el motivo sin rodeos: necesita el público que no tiene. Skullcandy no compite por el tipo que discute cancelación de ruido en un foro, compite por el pibe que quiere unos auriculares con colores y buen precio.
Bose los deja como marca aparte dentro de su negocio de audio. Se quedan en Park City, Utah, donde nacieron, y desde ahí van a seguir vendiendo con la tecnología de Bose por dentro. Ya lo hacían: varios modelos salen con la etiqueta Sound by Bose, incluidos los Crusher 1080. Ahora la relación deja de ser un acuerdo comercial y pasa a ser un dueño.
La jugada es de manual. Bose es el audio serio, caro, de gente que cuida sus oídos. Skullcandy es el audio de la tribu, de las canchas, de los videojuegos. En una frase que Engadget clavó: Skullcandy puede ser para Bose lo que Beats fue para Apple. Compras la marca que te da entrada a la gente joven y de paso dejas que la ingeniería cara gotee hacia abajo.
La CEO de Bose, Lila Snyder, lo dijo con esas palabras del marketing: conectar de manera significativa con consumidores donde hoy tenemos menos presencia. Traducido, que los chicos no los miran y eso les preocupa. Lo que no dijeron es el precio, porque cuando una empresa no publica cuánto pagó, casi siempre es porque pagó mucho o porque no quiere que le pregunten si valía la pena.
El mercado del audio se está juntando en pocas manos y este movimiento lo confirma. Primero fueron los grandes comprando a los chicos, ahora los grandes comprando a otros grandes para cubrir el hueco que dejaron. Al final el consumidor sigue eligiendo entre las mismas cuatro marcas, que es exactamente lo que a la industria le conviene. La libertad de elegir existe, siempre que elijas algo que ya es de todos ellos.

