Libertad

El pasaporte se vende y el negocio se concentra

CitizenX compró NTL Trust. La plataforma suiza de ciudadanías, que en abril de 2025 se había quedado con Plan B Passport, anunció su segunda adquisición en menos de dieciocho meses. El negocio de vender pasaportes acaba de entrar en su fase de consolidación, como antes pasó con los bancos, los viajes y los inmuebles.

NTL Trust nació en el Caribe en 1994 y tiene licencias como agente o promotor en Antigua y Barbuda, Granada, San Cristóbal y Nieves, y Santa Lucía. CitizenX puso cifras solo para lo suyo: Santo Tomé y Príncipe, Sierra Leona y El Salvador. Juntas, las dos compañías cubren medio mapa de jurisdicciones donde un extranjero con dinero puede comprar un pasaporte.

Lo llamativo es cómo lo cuentan. El CEO de CitizenX, Alex Recouso, dice que las dos firmas están “ideológicamente alineadas” y quieren “avanzar la tesis del individuo soberano”, que es el título de un libro de 1997. El director de NTL Trust, Nick Stevens, habla de gente “pro-tecnología, pro-libre mercado y comprometida con la soberanía individual”. Los dos describen un negocio que consiste en pagar por salir de un país y entrar en otro como si fuera una cuestión de principios.

Aquí está el punto que nadie quiere poner sobre la mesa. Que exista un mercado así no es culpa de CitizenX. Es lo que pasa cuando los Estados decidieron que la nacionalidad era una mercancía y empezaron a subastarla entre los que más pagan. La empresa suiza solo puso la infraestructura, el marketing y la aplicación.

El negocio tiene su propia lógica de supervivencia. Europa aprieta a los programas del Caribe, Bruselas amenaza con visados y varios gobiernos van retrasando sus ofertas. Cuando la regulación se complica, la industria se junta para tener más fuerza, mejores abogados y menos competencia interna. Recouso lo dijo sin adornos: el mercado “se fragmentó históricamente” y ahora conviene armar un grupo más grande.

Katie Ananina, fundadora de Plan B Passport y hoy directora de marketing de CitizenX, lo resumió mejor que nadie: “Las empresas de tecnología disrumpen industrias físicas y luego absorben a los mejores jugadores tradicionales. Pasó con los inmuebles, la banca y los viajes. La ciudadanía es la siguiente”.

Si el Estado vende nacionalidad, alguien va a montar la tienda y ponerle precio. Y si el negocio crece, otro va a comprar la tienda. Lo único que no cambia es el cliente que paga.