Libertad

Babiš quiere un ejército contra Alemania

El primer ministro checo Andrej Babiš dijo que su país podría tener que defender su frontera contra los migrantes que lleguen desde Europa Occidental. Lo soltó en Bruselas, en la segunda jornada del Consejo Europeo, donde la disputa por la regularización masiva de Sánchez se comió el debate. Que un socio de la UE hable de blindar la frontera con otro socio es el retrato perfecto del proyecto.

Babiš fue directo contra España y contra Sánchez, a quien acusó de querer “reemplazar la población solo para aferrarse al cargo”. Nombró también a Países Bajos, Suecia y Alemania como países que no logran absorber a los refugiados. Cuando le preguntaron si su país se sumaría a centros de recepción fuera de la UE, pidió encarcelar a los traficantes y “hundir los barcos vacíos”. La frase es de melodrama, pero el fondo es el de siempre: nadie sabe qué hacer y todos culpan al vecino.

España cerró su regularización el 30 de junio con 1.174.978 solicitudes, más del doble de las quinientas mil que el gobierno había calculado. El 67% vinieron de latinoamericanos y un 25,9% solo de colombianos. Es la cifra que explica el enfado del resto: mientras Bruselas predica coordinación, cada capital mueve sus piezas y luego se sorprende de que el vecino mire la frontera de reojo.

El resultado del Consejo fueron tres frases de conclusión sobre migración. Tres. Los borradores llegaron a tener nueve párrafos; la presión de España y Francia dejó el texto en nada, con la promesa de “volver sobre el asunto” en otra reunión. Sánchez respondió a las críticas con un “una cosa es el bla, bla, bla y otra la realidad”, que es justo lo que dice todo político cuando no tiene argumentos.

Stephen Barnes, que diseñó el programa de ciudadanía de Sierra Leona, lo resumió mejor que nadie: la política migratoria de la UE es “un desayuno de perros”. Y añadió lo que nadie quiere decir en voz alta. Si los Estados miembros empiezan a protegerse de las políticas migratorias de sus propios socios, el proyecto europeo está acabado. Nadie en la sala quiere reconocerlo, pero cada cumbre lo demuestra un poco más.