Bruselas perdona a Panamá en su lista de pecadores fiscales
La Unión Europea sacó a Panamá y a Vietnam de su lista negra de paraísos fiscales el pasado 9 de octubre, después de que ambos países tocaran sus regímenes tributarios lo justo para contentar a Bruselas. Un día eres un apestado fiscal y al siguiente eres un socio respetable, y lo único que cambió fue un párrafo en una ley.
Conviene recordar cómo funciona ese club. La lista la decide un grupo de funcionarios europeos, sin votación de los ciudadanos ni tribunal que revise el criterio. Países que jamás han sido paraísos entran y salen según el humor de la comisión, mientras media docena de territorios europeos con nombre de isla siguen haciendo lo mismo con total tranquilidad.
Panamá lleva años en el punto de mira por el escándalo de los papeles y tiene cosas que corregir. Pero es llamativo que el veredicto llegue por decreto ajeno y no por un debate panameño. La soberanía fiscal, esa que tanto se invoca en los discursos, se mide aquí en cuánto tardas en copiar la normativa que te dictan desde Bruselas.
El mensaje que queda es simple. Los Estados pequeños no deciden su política económica, la negocian con quien tiene la lista. El día que a Bruselas le cambie la agenda, Panamá volverá al cajón de los pecadores sin que nada haya pasado. Así funciona el club, la etiqueta la pone quien tiene la goma de borrar.

