Tu segundo pasaporte caduca si no lo cuidas
Tener dos pasaportes no es tener dos derechos para siempre, es tener dos mantenimientos. Una docena de países convierte la segunda nacionalidad en un estatus que hay que renovar, declarar o demostrar antes de una fecha concreta, casi siempre una fecha de cumpleaños. Quien acumula pasaportes como si fueran cromos suele ser el primero en perder uno.
El caso neerlandés es el más frío. Si tienes otra nacionalidad y vives fuera de los Países Bajos, del Reino y de la Unión Europea, pierdes la neerlandesa a los 13 años, salvo que renueves pasaporte o saques un certificado dentro de ese plazo. Cada documento nuevo reinicia el reloj y basta un año de vuelta en la UE para volver a empezar. No hay funcionario que estudie tu caso, la pérdida opera sola, por ley.
Los nórdicos juegan con la edad. Dinamarca, Islandia, Suecia, Finlandia y Noruega quitan la nacionalidad a ciertos ciudadanos que llegan a los 22 sin vínculo real con el país. La salida es una solicitud de conservación, pero la ventana cambia en cada uno y hasta las familias ordenadas se equivocan de fecha.
España añade su propia trampa. Quien vive fuera y adquiere otra nacionalidad pierde la española a los tres años si no avisa al registro civil de que quiere conservarla. Y el nieto nacido en el extranjero, español por un padre que también nació fuera, tiene que declararlo en el consulado dentro de los tres años siguientes a cumplir 18, o se queda sin nada al soplar las 21 velas. Suiza pone la fecha a los 25 y Bélgica a los 28.
Todo esto tiene un patrón, y solo te afecta si tienes dos pasaportes, porque quitar el único crearía apátridas y ningún sistema serio lo permite. Estados Unidos, Reino Unido, Italia o Portugal no te obligan a nada. La segunda nacionalidad es lo que enciende la trampa, así que un buen pasaporte se cuida como una suscripción, con el calendario a mano y sin creer que dura para siempre solo porque lo pagaste.

